Pantone, by Angelica Dass.



Living alone is a free choice; far from loneliness and neglect it may reflect the degree of progress of a society in relation to the exercise of individual freedom and ability of emancipation and autonomy. Most of the European population who lives alone at present consists of three homogeneous groups that correspond to emancipated young professionals, separated or divorced adults and senior widowers, mostly women. None of them  have a common way of life, nor have different needs from other users, but a specific form of establishing relations with a world that has qualified them as a state of emergency. They have become forced  to get adapted to their specific conditions and variously inhabit domestic spaces that mostly respond to past patterns, whose regulated organizations have the family as a reference.

Housing is no longer a space, but a mental time. The gender revolution in the sixties and later the emergence of the information society have contributed to dissolve the boundaries of the house. Domesticity has expanded the city through new micro_equipments and domestic time­space develops in the network, establishing new relationships with others and with objects, blurring the classic dualities of inside­outside, private­public, day _night and work­leisure.

Activities joined to the body care, the nutrition, the leisure, the work, sex and relationships of any kind are resolved indifferently both in urban environments or residential areas, physical or virtual ones, expanding and reducing the boundaries of the house up to the almost physical disappearance. The study and analysis of those who live by their own allows to incorporate all possible segment convivial groups and to map a variety of domesticities enough to define the foundations of contemporary living and to cast doubt on the validity of the last century bourgeois house, as an existing typology and model throughout the residential law.  



Participants choose 19 people out of the photographed group, which includes an undefined number of lonely people. All of them decided to live alone, with specific spaces and spatial organisations. Their houses should consider the issues introduced by this text. They should be enhanced and extended, in this case, inside the building itself, even if it could seem contradictory.


The proposed plot has a 4 meters façade and a depth of 50 meters. It is allowed to build up to 20 meters height, which means a maximum volume of 4.000 m3.

The building can only get light from the two short sides and from the top.

The resulting units should be able to grow or decrease, to expand themselves or to be adapted, to generate shared spaces between them... to be able to be modified over time. This condition becomes essential for the proposals' development, their adaptability.

Their resilience.


La resiliencia urbana


Richard Sennett 

Las palabras ‘resiliencia’ y ‘sostenibilidad’ son lugares comunes que dominan el urbanismo actual. Pero los miembros de esta pareja no son idénticos. En la construcción, ‘sostenible’ puede significar duradero y permanente, mientras que ‘resiliente’ significa la capacidad de recuperación de algo tras estar sometido a fuerzas o presiones producidas en el tiempo. Un metal resiliente puede absorber las tensiones para no romperse o deformarse de manera permanente: recupera su forma.

Las ciudades necesitan ser reparadas constantemente, y el urbanista tienen cosas que aprender del artesano en relación a cómo repararla. Para recuperar un jarrón roto, el artesano puede seguir tres estrategias: la restauración, la rehabilitación o la reconfiguración.

Cuando restaura un jarrón, el artesano busca que el objeto vuelva a parecer nuevo. Usa cada pedacito de porcelana rota, rellena los huecos con materiales idénticos a los originales y emplea un pegamento transparente. Su trabajo debe parecer invisible; el tiempo queda suspendido. Otra opción es la rehabilitación. En este tipo de trabajo, el artesano usa porcelana moderna y un pegamento más resistente que el original pero que se nota en la superficie del jarrón. La mano del artesano resulta evidente. Un tercer tipo de actuación sería la reconfiguración. Aquí, el hecho de que algo se haya roto resulta ser una oportunidad para crear un objeto diferente al original, tanto en su forma como en su función. El artesano usa los pedazos rotos del jarrón para hacer un plato, incrustándolos en un pegamento, de manera que el nuevo-objeto-viejo pueda contener fruta o carne. En la reconfiguración, el artesano se convierte en un inventor de la forma, en lugar de en un mero reparador de las formas concebidas por otros.

En la restauración, el original gobierna los materiales, la forma y la función; en la rehabilitación, los materiales se liberan, pero sigue existiendo una estrecha relación entre la forma y la función: en la reconfiguración, este vínculo se debilita, aunque los materiales sigan siendo los del original.

Los análogos urbanos de la restauración, la rehabilitación y la reconfiguración permiten aproximarnos al concepto de resiliencia. La simulación de un pueblo victoriano en Shanghái es una restauración en las que la mano moderna pretender ser invisible. La rehabilitación recurre a una variedad de materiales, aunque el vínculo entre la forma y la función sigue siendo estrecho. La reconfiguración de una ciudad emplea formas abiertas, de manera que la ligazón entre la forma y la función quede debilitada, y la ciudad se vuelva libre para evolucionar: se abra.

El poeta romano Lucrecio puede ser hoy un buen consejero a la hora de pensar sobre el cambio climático y las ciudades. Recomienda que no peleemos contra las turbulencias del tiempo, sino que las aceptemos, que vivamos y trabajemos con ellas. Ese espíritu es el que deberían tratar de recuperar para la ciudad las técnicas de resiliencia. Entre ellas, la más valiosa sería el arte de la reconfiguración.

Este texto procede de Building and Dwelling (Penguin Books, 2018).